El misterio del hombre calcinado.

 

Por  Jorge Salinas

Entrevistado: Juan Pérez.

Era una vez (siempre quise comenzar un artículo con esta frase, como todo mal periodista) un periodista je, je, je. Mejor dicho: todo comenzó cuando decidí visitar a Juan Pérez para entrevistarlo, mi artículo iba a depender de entrevistar cinco personas de este pueblo, fueran las que fueran, y una de ellas fue el ya mencionado, la entrevista iba a tratar de la delincuencia en este pequeño pueblo que es Guerrero Negro y como ha ido incrementando con el pasar de los años, la entrevista fue tan espectacular que decidí al final dejar sólo ésta.

Su vivienda era humilde; terreno sin cerco, la casa de madera, ventanas de tabla, era una mañana nublada, sólo llegar me asaltó el pensamiento « ¿este tipo se transporta caminando, con su edad?» pero es lo normal, hay mucha pobreza, por ende mucho robo.

Golpeé la puerta, fue hasta la tercera vez que salió

—Lo siento por tardar, un viejo pendejo ya no oye mucho. —Dijo aquel cuarentón, su vestimenta era sencilla y casera; camisa sin mangas, bermudas y sandalias. Continuó —Por favor pase, siéntese como si fuera su casa, sólo que no se lleve nada.

Pasé a su humilde morada, ya instalados en el sillón comenzó la entrevista, que voy a omitir ya que da para otro artículo, y iré directo a lo que me interesó comunicar.

—Sí, a mí no se me da muy bien la tecnología, empero, decidí comprarme una vieja computadora portátil, o cómo le llaman los jóvenes “laptop” —Dijo el viejo Juan, y prosiguió. —Quería aprender a redactar, pero de nada sirvió ya que me la robaron.

— ¿Y qué le interesaba redactar?

—La idea era hacer un diario, pero también llevar nota de los crímenes cometidos aquí en este pueblo, para llevar como… ¿Cómo se podría decir?… ¡Un historial!

—Supongo que hubiera echado al archivo lo que pasó ayer, lo del sujeto calcinado que apareció en «la pilita».

— ¡Por supuesto!

— ¿Qué hubiera redactado usted? Digo, si no le molesta comentar sus secretos ja, ja, ja.

Soltó una carcajada que más bien pareció un estruendo.

—Mi opinión en sí, ni importaría lo que piensa un viejo.

—Circula la opinión y yo soy creyente de esta teoría, de que no lo quemaron ahí, sino que lo dejaron ahí el cuerpo ya calcinado, ya que no quedó rastro de gasolina ni de nada al rededor del cuerpo.

—Lo pensé en un principio, porque lo lógico es que el sujeto en llamas quisiera tirarse al suelo y rodar para apagarse, o correr por lo menos, o que al rociarle la gasolina hubiera quedado regado, pero es una teoría muy pendeja ¿Por qué? Si los asesinos (y supongamos que fueron varios los implicados) lo “quemaron” en otro sitio (dónde supongamos obviamente no hay testigos) ¿Por qué transportar el cadáver? ¿Por qué no dejarlo ahí mismo? Si tuvieron la chance de quemarlo ahí ¿Por qué no dejarlo ahí?

Yo ya metido en el discurso del señor Juan decidí intentar que siguiera con su plática.

—Y… ¿Usted piensa que lo quemaron ahí?

—En efecto.

—El problema es el rastro; ni gasolina, ni cenizas, ya que no había ésto en otro lugar donde no fuera el cuerpo.

—Porque cuando quemaron el cuerpo éste no se movió.

— ¿Pero quién no se mueve cuando se quema?

—Un muerto podría ser.

—Pero quedó con la pierna un poco levantada y si no me equivoco un brazo también, Si ya estaba muerto ¿Por qué no quedó en la posición de un muerto?

—No sé si lo que le estoy diciendo sea verdad, recuerde que sólo es mi opinión, pero si se quema a un cadáver que ya alcanzó el estado de rigor mortis quedará en esa posición, ese estado llega tres o cuatro horas después de haber fallecido.

— ¿Y por qué no se quemó al instante? Si lo mataron, y no hubo testigos lo lógico sería quemarlo antes de levantar sospechas ¿En qué escenario se quemaría tres horas después?

—Si fue asesinado accidentalmente, supongamos que tenemos dos tipos: Tipo A y Tipo B, A tuvo una disputa con B, su confrontación llegó hasta lo físico, A terminó matando a B (pero esto no era su objetivo), A tenía que hacer algo, puede que haya llamado a algún amigo suyo, lo que retrasaría más la tirada del cuerpo ¿Y por qué no tirar a B sin quemarlo? La respuesta podría ser que, B era un tipo «peligroso», o por lo menos perteneciente a algo dónde se tiene aliados peligrosos, entonces A debía desaparecer a B sin que sus «aliados» se enteraran, que mejor que quemarlo.

— ¿Entonces cree que alguien de aquí de este pueblo fue el culpable?

—O puede que del pueblo vecino, recuerde que queda a una hora, allá hay más cosas peligrosas, y contribuye en la teoría “rigor mortis”, ya que tardaría más en llevar el cuerpo, y si lo dejaba más cerca de aquí que de allá, automáticamente todos pensarían que el difunto fue de aquí.

—Interesante. Pasemos a otro tema…

Me dejó un agrio sabor de boca, pero más que nada, me dejó pensando «¿Cómo fue todo? ¿Fue una disputa de bandas? ¿De tráfico? ¿O fue sólo una disputa que salió mal?», lamentablemente nunca sabremos qué pasó realmente, o por lo menos, no tan bien como los asesinos…

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