Macario

Por Jorge Salinas 

Le tengo estima, una estima guiada por la lástima, todos en el pueblo se alejan de él, y eso que no saben ni la quinta parte de su historia, de quién es realmente, pobre Macario. El otro día pregunté por él a mi abuelo, me dijo

–Él no tiene madre, pero se me hace extraño que digas que te dijo eso, el canijo nunca habla con nadie, y menos de lo que fue su familia.

–Él dijo eso, que tenía madre. –Le dije yo a mi abuelo.

–Bueno, a fin de cuentas ta loco ese güey, cuando él estaba plebe, hablo de hace unos quince años, recuerdo que él sí tenía, pero se la llevo la droga, se quedó arriba, papá sí nunca tuvo el pobre Macario, es muy noble, eso sí. Otros parientes ni le conocí al canijo. –dijo mi abuelo como si se acordase de algo que pasó hace mucho tiempo, y a lo que dijo él, sí tenía tiempo.

La última vez que lo vi fue en la casa de don Itzae, temprano andaba pa la loma, pobre, ni él sabe quién es, se quedó con lo que fue, con lo que supo en su tiempo. Es raro que yo le tenga estima a alguien que ni mi familia es, si hasta a mi familia le tengo rete poco cariño. Y verás, la casa de don Itzae ya no tiene ni ventanas, bueno sí tiene pero rotas y tablas con más bujeros que nada, está revieja la pobre casa, eso sí, atrasito de la casa corre un arroyo, pequeñito pero bien que sirve para bañarse y lavar la ropa. Pero él no andaba en el arroyo, andaba disque limpiando la casa para pedirle a don Itzae dejarlo vivir ahí, la casa es como de siete u ocho metros cuadrados, los vendavales se llevaron una parte grande del techito, las paredes están como sin nada, aún aguanta el viejo adobe, la puerta queda colgando del marco, de una sola bisagra, como el diente de un niño pequeño al que se le está así de caer. Yo iba pal arroyo, a echarme un chapuzón porque era temporada de calor, ora no, orita hace tremendo frío, bueno pues, yo iba ya pasando por enfrente de la casita cuando miré a Macario con una escoba, el mango no le medía más de un metro, andaba empujando del suelo los escombros de muebles, la tierra y los pinacates, yo sólo quise pasarle por enfrente, pues yo lo vi por la puerta esa que cuelga, yo sólo quería seguir mi camino pues me da tremenda tristeza verlo.

Él me vio y me grito con mucha fuerza “¡Hey Jorge!”, así que me tuve que acercar, ya enfrente me dijo lo que casi siempre me dice, aunque me dice lo mismo a veces le añade cosas.

— ¿Cómo estás carnal? —me dijo.

—Bien, bien… ¿Y tú?

—Bien, mira, le ando limpiando la cantona a don Itzae, a ver si me da chance de quedarme aquí pues, y yo ya taloneo para también aventarle con algo, para que no diga que me quedo deoquis. Oye ¿No has visto a mi amá?

–No, aún no voy a la casa. –le dije yo, siguiéndole el juego, pues me daba tanta lástima que no me atreví a tratarlo distinto.

–Ve güey, dile que tengo hambre, que tengo hambre y pues aquí no me quieren dar chamba, ya hablé con don Isidro, el que limpia terrenos, pa ver si me quería de ayudante, pero nomás me vio y me corrió diciéndome un friego de groserías, y pues nada. Aunque no lo quiera aceptar, y tú dirás “qué mamón eres”, pero lo que pasa que en este tiempo es cuando más ayuda ocupo, necesito de ustedes, de ti y de mi amá, estar junto a la familia, oye ¿Por qué no vienes más tarde pa acá? Para hablar un rato güey, es que a veces cuando estoy solo me pongo a pensar mucha chingadera, es cuando dicen por ahí que me aloco y rompo, tiro o desmadro las cosas, como el otra vez que me dio por pensar que me querían matar y me dio por tirar corriendo casi pelado pal monte, ocupo de ustedes carnal, ¿Vas a venir o qué?

–Ah simón güey, yo le caigo más tarde, ahorita voy pal arroyo de aquí atrás, me baño, iré a la casa a cambiarme y vuelvo en la noche ¿O qué?

—Sí carnal. Tenía ganas de ir pal pueblo pero ahí ya ni me quieren, me corren de todos lados, y más me encabrona que me digan loco, y quién sabe, pero no creo, aunque te digo que cuando estoy solo pienso cosas, el otro día vi una camisa rota, tirada ahí en la calle y pensé que habían secuestrado a alguien, ya casi agarraba un garrote pa buscar quién había sido.

—Está canijo. Pero sí, en la noche yo vengo pa acá, o más tardecita.

— ¿Pero si vendrás carnal?

—Obvio. —le dije sin mentirle.

—Oye…—dijo con la cabeza gacha, rascando la tierra con su dedo gordo del pie, como sí algo le diera rete harta pena.

— ¿Mande?

— ¿Me das un abrazo hermano?

Y nos dimos un abrazo, que hasta a mí me sirvió, tenía tiempo que no abrazaba a nadie. Mientras me abrazaba el Macario me dijo “ay Jorgito, siempre serás mi hermanito”.

Y orita recuerdo esto porque me da tremenda tristeza como algunos nacen con un tanto, otros con otro tanto, pero todos siempre quieren los tantos de otros y no los suyos. El pobre Macario queriendo a su hermano y su madre, sin tener nada, ni pa una tortilla con sal, y pos yo siempre he tenido poco, a veces tortillas con frijol, a veces puras tortillas, y mi madre quedó que está esperando un chamaco, será mi primer hermano. Mi madre dice que ella no quería otro plebe, pero ya lo tiene en la panza, dijo que no quería pues era otro buche que llenar, yo estoy contento, pues no sé qué es tener un hermano, por algo el Macario lo desea con fuerzas, cuando el niño crezca lo trataré rete bien. Mi amá dice que aún le falta tiempo. ¡Ay!, Tener un hermanito para mí solito, ése es el sueño de Macario.

 

Deja un comentario