momo: El Toto y el Buen Samaritano

El Buen Samaritano

Recuerdo al Toto parado en la esquina afuera de su farmacia platicando y con su amplia sonrisa que lo caracterizaba, cargando de agua la nube decía mi mamá, en alusión a que le gustaba estar enterado de lo que acontecía en el pueblo y qué mejor lugar que una esquina por la que pasaba todo mundo. A mí me encantaba ir a la botica a platicar, tanto con el Toto como con su esposa Rosamanda.

Quién sabe qué tanto platicaría, pues yo era un niño cuando empecé a ir a visitarlos; la botica en si no tenía nada de particular que pudiera entretener a un niño, lo que recuerdo es que me encantaba ver los dibujos del Machote, en particular el del Chulobello y el del Naturalmente de cuando se cayó con el carro al canal.

El Toto llegó junto con el Carnitas cuando Guerrero Negro tenía poco de fundado. Primero vendió telas y después puso la farmacia, no sé en que fecha empezó a operar pero en el 59 que llegó mi mamá al pueblo la farmacia ya estaba abierta.

 

 

 

Judith Cachú, Mi madrina China, Mi Nana Chuy, Mi Amá,
Rosamanda, Gila de Ibarra, Chita de Ibarra y la profe Chuyita

Mi mamá primero fue amiga de Rosamanda y se pasaban las horas platicando, después la amistad se extendió al Toto  y ha durado toda la vida.

Un dato curioso acerca del Toto es que en aquellos tiempos duros de pioneros cuando el Dr. Noyola practicaba alguna operación el Toto fungía como anestesista. Mi apá Pedro era enfermero asistente en las cirugías y la Prieta Canett no entraba, ella era partera.

El Toto además fue gran aficionado a los deportes, yo lo recuerdo asistiendo frecuentemente a las series del Caribe y ya después me enteré que también jugó béisbol, fundó junto con Humberto Mayoral la liga Pacífico Norte y fue quien llevó el primer balón de fútbol a Guerrero, así que tiene el derecho a portar las credenciales de uno de los fundadores del deporte en el pueblo.

En la botica trabajó mucho tiempo mi carnal Cruz Villavicencio, no recuerdo si empezó desde la primaria pero en la secundaria ya estaba ayudando ahí. Lo curioso del asunto es que en esa época nos parecíamos mucho el Cruz y yo, es más nos parecíamos tanto que a veces nuestras mamás se confundían y regañaban al otro. Una vez la mamá del Cruz me puso una buena regañada porque no sé hacía que tanto tiempo lo había mandado a la tienda por café y apenas venía regresando y le dije

Huy más se va a enojar, porque no soy el Cruz, soy Alfonso, vine a buscarlo.
Ayy mijito, discúlpame te confundí 
me respondió toda apenada

Y el parecido era tanto que incluso cuando fui a recoger mis fotografías para la inscripción de segundo de secundaria me pusieron dos sobrecitos con fotos para escoger y no sabía cuáles agarrar. Creo que si agarré las mías, pero capaz que mi boleta por ahí anda con una foto del Cruz. El caso es, que como el parecido era tanto, a mí frecuentemente me preguntaban en la calle que si qué cosa era buena para alguna enfermedad y como invariablemente respondía que no tenía idea la gente se enojaba mucho y me decíanchamaco ridículo, si trabajas con el Toto, a fuerzas que sabes.

Por la botica pasaron muchas historias del pueblo y la siguiente anécdota ilustra el carácter bromista del Toto

Resulta que un día un tipo le preguntó al Toto en voz baja y de manera sospechosa
— Oiga, y no tiene drogas? y el Toto le respondió
— Huy si amigo, tengo muchas, con el banco, los proveedores, tengo deudas por todos lados!

Post dedicado con cariño a mis amigos Ricky y Rosa Estela Herrera.

Fuente: http://desiertodesal.blogspot.mx/

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