Sven: Batman vs Superman

Por Sven Amador Marín

 

Tenía que hacerlo. Ahora sí, después de haber visto la llamada edición definitiva de Batman vs Superman: El amanecer de la justicia (Zack Snyder, 2016), quería sumar mi opinión a las muchas que ya se han vertido sobre esta película.

Lo primero que hay que decir sobre este filme, es que debe evitarse a toda costa el delicado ejercicio de la comparación, a lo sumo, se puede contextualizar pero su plena estimación está en los recursos empleados, en los valores de producción, y en su fallida intención.

En cuanto al contexto, podemos ubicar la película (abreviaré todo el título con “BvS”) a más de 10 años del estreno de Batman Inicia y a 8 años del estreno de Iron Man. Estas dos películas particularmente, fueron las que alcanzaron dos grandes logros: por el lado de Batman Inicia se rescató la franquicia cinematográfica de este superhéroe, que había quedado mal parado ante el público y seguidores, después de la catastrófica Batman & Robin dirigida por Joel Schumacher en 1997, y que pretendía darle continuidad a dos obras sobrias y respetuosas con la esencia del personaje, es decir Batman y Batman Regresa de 1989 y 1992, respectivamente, ambas dirigidas por Tim Burton.

Por el lado de Iron Man, su éxito permitió consolidar la confianza de las industrias cinematográficas en el llamado cine de superhéroes, luego de los intentos —algunos buenos y otros no tanto— que se venían haciendo desde el 2000 con filmes de los X – Men, de Los 4 Fantásticos, de El Hombre Araña y de Hulk. Desde entonces, los estudios de cine y particularmente Marvel, Fox, Sony y Warner, echaron toda la carne al asador y a lo largo de estos últimos 10 años, han incrementado sustancialmente su producción de filmes basados directamente en historietas o en personajes de historietas, llegando incluso, en el caso de Marvel y DC, a crear los llamados “universos cinematográficos”, es decir, una especie de realidad independiente a la de las historietas pero con los mismos personajes, donde todo sucede sin que las líneas de tiempo que se han seguido en los comics, se vean afectadas por los sucesos de las películas.

En este punto debo decirlo y dejarlo bien claro, de toda este cúmulo de películas, unas muy buenas (Los Vengadores en 2012) y otras que dan pena ajena (Linterna Verde, por ejemplo), las que más destacaron fueron las que conformaron la trilogía de El caballero de la noche, es decir, las de Batman Inicia, la de El caballero de la noche y la de El caballero de la noche asciende (2005, 2008 y 2012, respectivamente), las tres del cineasta inglés Christopher Nolan, ofreciéndonos un Batman renovado con motivaciones psicológicas y antecedentes históricos sumamente verosímiles para el mundo contemporáneo, además de antagonistas poderosos con objetivos claros y definidos (¡cómo olvidar al Joker de Heath Ledger!).

En tanto la trilogía de Nolan tocaba a su fin, se exploraba la renovación de otro personaje icónico de DC: Superman. Este superhéroe había sufrido el rechazo de seguidores y de la crítica, con aquella fatídica película de 2006, Superman Regresa. Para 2013, bajo la batuta del visualmente experimentado Zack Snyder (entre cuyos triunfos estaban las películas de 300 y Watchmen), la Warner Bros. decidió retomar al kriptoniano e insertarlo en el mundo contemporáneo, con las preocupaciones del hombre moderno y que representara a su vez, un viaje interior del personaje, una búsqueda existencial de la identidad de una forma de vida mucho más inteligente y extraterrestre, al estilo de vida terrestre. Llegó así en 2013 El hombre de acero.

A esta película no le fue tan bien en un principio, tuvo que pasar un tiempo para que se revalorara de nuevo su auténtico peso pero algo quedó claro: Henry Cavill, aunque mejor que el Superman anterior, no había logrado brindar una actuación convincente y el director, por su parte, se consolidaba como un visionario de los efectos especiales aunque la historia y el tratamiento del guión alcanzaron cierta solvencia, no convenció del todo.

Desde mi punto de vista, en este momento fue donde entró en juego una tensión sumamente delicada que hoy en día sigue afectando no sólo la recepción de BvS, sino a todas aquellas películas de superhéroes que se han estrenado entre 2013 y 2016: expectativas frente a realidad. Es un hecho que la trilogía de Batman de Nolan, dejó muy arriba los indicadores de calidad. Son pocos los errores que se le pueden encontrar a la obra en su conjunto y quizá su mayor acierto fue crear a su propio interior y en torno a sí misma, un universo único perfectamente identificable que, además, trastocaba situaciones actuales de la política y la economía global tales como el terrorismo, el nihilismo, el caos financiero, el crimen organizado, entre otros. La trilogía de Nolan se alimentaba de rasgos propios de las historietas pero ello no significaba para nada que se adaptaría tal o cual arco argumental. Lanzaba guiños a los seguidores más empedernidos pero buscaba también incorporar nuevos seguidores con características que llamaran la atención de los espectadores del siglo XXI.

A partir de entonces, se consideró el cine de superhéroes como material serio (¿a alguien le suena el Oscar póstumo para la interpretación del Joker?) y ahora sí, los espectadores nos sentimos con el derecho de exigirle lo mismo que al resto de películas de otros géneros. Al entrar en esto, evidentemente nuestras expectativas eran muy altas, por lo menos tenían que superar la de El caballero de la noche y la de Los Vengadores. Nada por debajo, todo por encima de ellas. ¿Era esto posible? Unas veces, otras no. La era de Ultrón  ni de cerca estuvo a su predecesora y, confiados de su relativo éxito con El hombre de acero, Warner y DC deciden apostar todo, el sueño de los fanáticos, la batalla épica entre Batman y Superman. En las historietas se dio esto en el arco de Batman: The Dark Knight Returns, escrita e ilustrada por Frank Miller por allá en la década de los 80, pero adaptar el momento al cine era otra cosa y parecía que sólo Zack Snyder podía hacerlo… olvidaron que él no era guionista.

Con una estrategia de publicidad centrada en el enfrentamiento entre los dos titanes de DC, con muy poco tiempo para que los espectadores olvidáramos el universo de Batman creado por Nolan y un villano que se antojaba para más adelante, se crearon altísimas expectativas en torno a Batman v Superman, además que los avances que se fueron soltando no lograban entusiasmar ni convencer al público. La última señal de alarma vino con la presentación preliminar y exclusiva para ciertas personalidades donde éstas no salieron muy convencidas. Había ambigüedad en su apreciación.

El estreno, digámoslo de una vez, fue un desastre. Lo confieso: a mí no me gustó la película que se proyectó en salas de cine. Eso sí, debí hacer un esfuerzo enorme por quitarme de encima muchos prejuicios y opiniones que venían de todos lados, intenté rescatar una mirada pura para ver el filme. No sé si lo logré pero definitivamente no me gustó la película, no me provocó sentimiento alguno pero debo brindarle el mérito muy bien ganado a los efectos visuales, a la música y a la selección del reparto excepto, de nuevo, a Henry Cavill, que no logra interpretar de forma convincente tanto a Superman como a Clark Kent.

¿Cuál fue el principal problema de la película? La pretensión. En todo momento, minuto a minuto, pude percibir que se estaba intentando hacer de todo, menos disfrutar el arte de contar una buena historia. Intentaban hacer lo que no habían hecho en El hombre de acero, intentaban dejar claro que este Batman era uno totalmente distinto al de Nolan, pretendían fijar las bases para lo que será La Liga de la Justicia, buscaban dar competencia real al universo cinematográfico de Marvel, buscaban poner un villano cuya sola presencia estuviera por encima del conflicto entre Batman y Superman, buscaron marcar demasiada distancia entre el Lex Luthor de los comics y el Lex Luthor de Superman Regresa con este nuevo Lex Luthor ‘millenial’ del siglo XXI, quisieron emular discretamente el tratamiento de temas contemporáneos y terminaron caricaturizándolos.

El producto final fue simplemente un despliegue de efectos visuales con una historia que pecaba de lo peor que se puede pecar: incoherencia en su estructura interna. Olvidaron que todos los recursos cinematográficos siempre estarán al servicio de una buena historia, una que vale tanto la pena contar, que entonces sí se reúnen todos aquellos recursos para materializarla y compartirla con el mayor número de personas.

Cuando salí de la sala de cine le pregunté a mi novia (alerta de spoilers): “bueno y si realmente hubieran prosperado los planes de Lex Luthor —que Doomsday destruyera a Batman y a Superman—, ¿cómo pensaba él sobrevivir a la destrucción de toda forma de vida?” Su plan estaba mal pensado desde su concepción, es decir, ¿odiaba tanto a Superman como para crear una forma de vida tan abominable cuyo único objetivo era la aniquilación de todas las demás formas de vida (incluida la de Lex Luthor)?

La edición extendida de la película o ultimate edition que salió recientemente, trae 30 minutos más de metraje que, si bien es cierto no son suficientes para salvar al filme, sí abonan a una mayor comprensión de los planes que va tejiendo Lex Luthor y al desarrollo de las motivaciones de la animadversión de Superman contra Batman, así como a justificar detalles sueltos sobre la investigación que realiza Lois Lane en torno al ataque donde se involucra a Superman. Le da más coherencia a la historia pero no la suficiente.

Fuera de ello, es exactamente la misma película. Quienes la odiaron, tendrán 30 minutos más para seguirla odiando y quienes la amaron los tendrán para lo mismo. La mayor lección que deja la producción de esta película, es lo que he denominado el «expectativómetro», ese indicador de las exigencias y expectativas que descargamos sobre las películas de superhéroes, dejando de lado el desarrollo de nuestra capacidad de apreciar el buen cine por su talento esencial y primigenio para contar historias.

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