Un pionero de mil batallas, Roberto Avilez.

Por Antonio Avilez R.

Roberto Avilés en su catre dentro de la carpa que compartía con otros pioneros, leyendo algo sobre box, uno de sus deportes favoritos. Paceño del barrio del centro de la ciudad, en donde era conocido como EL Juvert, ese fue su segundo nombre, había abandonado la primaria para buscar trabajo. Tuvo un extraordinario tutor en el Ingeniero del Real de la Junta Local de caminos quien en la brega, hizo de él un topógrafo presentable. Autodidacta aprendió Inglés, cocina, fotografía, y ya en Guerrero Negro Hidrografía teniendo como tutor a el japonés Owan; y carpintería teniendo como tutor a su compadre, Jesús Flores de la Luz. Había llegado a Guerrero Negro como el pionero N°4 a construir el camino al Puerto Venustiano Carranza, La Isla.

Llegó a Santa Rosalía concluyendo ahí el proyecto de conectar con un camino cerros y playas para que existiese un Camino Real de La Paz a Santa Rosalía, cabecera del entonces Distrito de Mulegé.

Guerrero Negro era entonces un rumor que terminó convirtiéndose en la alternativa que detuvo una parte importante del colapso económico de la región por el cierre de operaciones de la Compañía del Boleo. El potente desempleo se dispersó entre Guaymas, Ensenada y Guerrero Negro, principalmente.

Casó con mamá en Santa Rosalía y se fue a cumplir el contrato de construir el camino a la Isla. Concluido ese compromiso tenía otros planes para seguir con su carrera de caminero en otros Estado de la República. Años después, platicando con mi madre en Guadalajara, le preguntaba yo sobre estos pasajes y me dijo. Tu papá me advirtió que nuestra vida como matrimonio no iba a ser fácil, que él era caminero y que íbamos a andar del tingo al tango… me vino a encerrar 34 años entre Guerrero Negro e Isla de Cedros sin que me diera cuenta.

Los planes de mi padre eran creíbles, el gobierno de la República había puesto en marcha un poderoso plan para crear vías de comunicación necesarias para el desarrollo.

El box, la fotografía, el béisbol y cocinar eran sus grandes pasatiempos. Murió en Isla de Cedros, horas después de la famosa pelea aquella en que Julio César Chávez rescató casi de milagro la pelea que llevaba perdida ente Meldrick Taylor.

Quienes le acompañaron viendo la pelea, me comentaron que andaba muy excitado, demasiado emocionado con el resultado de la pelea. Murió mientras dormía. Mi hermana Tereyín encontró su cuerpo en plácida posición, de lado, con sus manos bajo debajo de su cabeza, así dormía regularmente.

Fue un gran amigo, que solo cuando era necesario tomó sin chistar su papel de padre. No tuvo recato con su familia en ningún sentido. Fue generoso, nos dio todo lo que tuvo. Lo demás, es lo de menos.

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